El Espíritu Japonés

Cada pueblo, cada civilización, cada nación tiene una serie de características que le son propias, que le caracterizan a nivel global, a pesar de las excepciones individuales que puedan existir. En algún caso estas idiosincrasias pueden acabar convirtiéndose en elementos definitorios, e incluso de mofa por parte de otros, sobre todo los que no las entienden o quieren comprenderlas. Otros seguramente negarán que existan, o que las generalmente aceptadas sean las realmente definitorias.

En el XX Salón del Manga de Barcelona se dedico un amplio espacio (la totalidad de la segunda planta del Palau 2) a un espacio denominado El Espíritu del Japón, donde estaban representados diversos aspectos de la cultura japonesa, muchos derivados de la cultura más tradicional y que han sido transmitidos hasta nuestros días de forma casi inmutable gracias en buena parte a uno de los elementos que caracterizan a los japoneses, y que como muy bien se definía en una de las exposiciones de esta zona, son los “14 Aspectos que definen el Espíritu Japonés”. Estos aspectos son:

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Gaman (autocontrol): los japoneses valoran mucho la capacidad de autocontrolarse e incluso reprimir el malestar o descontento. Se les educa para que sepan evitar expresar sus propias emociones u opiniones, o de hacer lo que les gustaría si es perjudicial para el grupo o rompe las normas. Se considera positivo renunciar a la comodidad o deseos propios, para mantener la armonía o evitar situaciones incómodas para los demás. Incluye también la capacidad de tolerar la incomodidad física y las molestias causadas por otros. Un buen ejemplo sería la capacidad de aguantar estoicamente la necesidad de poner mala cara o quejarse por el poco espacio interpersonal, pisotones o golpes en un vagón lleno de gente.

Mononoaware (transitoriedad): este concepto nos remite a la belleza y el patetismo de la no permanencia. Ni las cosas buenas ni las que nos hacen sufrir duran para siempre, y lo que ahora es estable se volverá inestable antes o después. La transitoriedad de la vida humana es uno de los temas más antiguos de la cultura japonesa, por ejemplo en el gran clásico de la literatura Heike Monogatari, que narra como incluso la familia más poderosa puede perder su estatus y extinguirse. El epítome de este sentimiento en la actualidad es la contemplación colectiva de la efímera belleza de las flores de los cerezos.

Wabi-sabi (sencillez y naturalidad): este es un concepto estético que exalta la belleza de la simplicidad, la rusticidad, de la naturalidad de los materiales. Nuevamente, nos remite a la ceremonia del té, que empezó como un pasatiempo de los poderosos que incluía el uso de objetos preciados y altamente elaborados y decorados procedentes de China, pero en el siglo XVI se redefinió buscando la belleza en la simplicidad, en objetos menos elaborados que permitieran apreciar las características naturales del material (madera, bambú, cerámica, hierro, etc.). El minimalismo occidental reivindicó este concepto japonés, que exalta el valor de los objetos gastados, asimétricos, con imperfecciones, o incluso dañados.

Umami (el quinto sabor): es un sabor característico de la gastronomía japonesa, el “quinto sabor”, ni dulce, ni salado, ni ácido, ni amargo. Recientemente ha sido reconocido e incorporado por los chefs y los científicos del resto del mundo. Surge a partir de la combinación de los glutamatos y los ribonucleótidos que se encuentran de forma natural en algunos alimentos. Cuando se combinan diversos de estos alimentos, se genera un gusto delicioso que va más allá de la suma de los gustos de cada uno de los ingredientes. Se cree que la cocción lenta o la fermentación propician este fenómeno, y el caldo de algas kombu es uno de los alimentos más emblemáticos.

Ma (intervalo –vacío, silencio, distancia entre persones): en Japón, el espacio físico o temporal necesario entre dos objetos o sonidos tiene tanta entidad como los objetos o sonidos en sí mismos. Se trata de una distancia que separa pero también vincula y enfatiza por contraste. Se concreta en los espacios vacíos que hay en las representaciones pictóricas o en las habitaciones, y a la distancia corporal entre las personas. Es muy normal que los amigos, los familiares e incluso las parejas, no se toquen y dejen un espacio considerable entre ellos cuando se encuentran o están juntos. Otro aspecto de este concepto es el intervalo de tiempo de silencio entre dos sonidos en la música tradicional, o los silencios largos y abundantes en medio de un diálogo que se considera natural en las conversaciones y en el lenguaje cinematográfico, que tiene mucho que ver con la habilidad de los japoneses para “leer la atmósfera” o el contexto y la preferencia por la comunicación no verbal.

Satoyama (área entre la montaña y los arrozales): literalmente se trata de la zona fronteriza entra las tierras habitadas o cultivadas por los hombres (sato), que en Japón son por antonomasia los arrozales, y las montañas (yama), que desde tiempos remotos se consideran sagradas, territorio de las divinidades (kami). El concepto se refería históricamente a las zonas de bosque y prado entre los cultivos y las montañas que eran explotadas de forma comunitaria, y actualmente se asocia al paisaje natural y la biodiversidad del Japón rural, habiendo adquirido un valor emocional para muchos japoneses que viven en la ciudad y sienten nostalgia de sus orígenes rurales o simplemente un gran respeto por la naturaleza.

Isshokenmei (con todas las fuerzas): la cultura del esfuerzo está muy enrraizada en la cultura nipona. Se considera muy importante dar lo mejor de uno mismo en cada cosa que se realiza y hacer esfuerzos, incluso sacrificios, para conseguir un propósito u objetivo. Expresiones que se utilizan habitualmente relacionadas con este concepto, que literalmente quiere decir reunir todas las fuerzas, son  “esfuérzate por favor” (ganbate kudasai), que más que una orden es una declaración de reconocimiento y aliento, o la contrapartida “me esforzaré” (ganbarou).

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Ichigoichie (ocasión única): esta expresión significa literalmente “un encuentro único en la vida” y se podría traducir por el refrán “sólo se vive una vez”. Surge en el contexto de la ceremonia del té, donde cada reunión se considera un encuentro único, irrepetible, y que por tanto es preciso preparar y vivir intensamente, Copn todos los sentimientos, saborear su excepcionalidad y cada circunstancia particular del encuentro como si fuera la última. Por extensión, la expresión que se utiliza para animar a alguien a hacer una cosa o dar valor a la oportunidad de encontrarse con alguien o lanzarse a una nueva experiencia.

Shun (productos de temporada): en general los japoneses viven muy atentos al paso de las estaciones, dando una importancia especial al hecho de consumir productos de temporada, de forma que hay una gran competencia para conseguir ciertas especies de pescado, setas, verduras, frutas, etc., que únicamente pueden consumirse en determinados períodos o que ascienden astronómicamente de precio durante el período en que se consideran de temporada. Por ejemplo, los considerados brotes silvestres (sanzai) tan solo pueden comerse al inicio de la primavera, o las setas matsutake, muy aromáticas y caras, especialmente a principios de otoño, pudiendo llegar a costar 1500 euros/kg.

Ofuro (bañera): la cultura del baño es muy rica en Japón, comenzando por la costumbre de tomar un baño caliente por la noche, antes de irse a dormir, en el Oruro, la bañera casera, suficientemente honda como para que todo el cuerpo quede cubierto hasta el cuello. La tradición marca que uno debe lavarse antes de sumergirse en ella, para no ensuciar el agua y todos los miembros de la familia puedan utilizarla por turnos o conjuntamente, ya que es costumbre que los niños pequeños se bañen con el padre o el abuelo. Los baños públicos (sentô) y las aguas termales (onsen) también son muy populares.

Furusato (lugar de origen): en Japón se considera muy importante pertenecer al grupo, comenzando por la familia o linaje (ie), que es la unidad social básica, especialmente en oficios relacionados con las artes o técnicas tradicionales en los que los discípulos sucesores son adoptados como hijos por los maestros. Es importante mantener el vínculo con el pueblo o ciudad natal y la casa de los padres. En el Japón actual, la movilidad por estudios o trabajo es muy habitual y la mayoría de japoneses viven fuera de su pueblo o ciudad natal, pero vuelven cara año para celebrar con la familia el año nuevo (Shôgatsu) y la celebración del día de los difuntos (obon).

Okaeshi (reciprocidad): la reciprocidad es muy importante para mantener los vínculos y compensar las “deudas” que se contraen a lo largo de la vida en las relaciones sociales de Japón. Para no romper el equilibrio que garantiza la armonía, es preciso tener mucho cuidado de reconocer y recompensar cualquier ayuda, favor o regalo recibidos, por pequeña que sea, correspondiendo con un obsequio, habitualmente dulces o productos de temporada de buena calidad, tratando que su valor sea igual o ligeramente superior, pero nunca inferior al regalo o favor recibidos, ya que eso sería una falta de respeto.

Omotenashi (hospitalidad): la hospitalidad japonesa es muy cuidada y detallista. Tanto en el ámbito institucional como personal, ser un buen anfitrión se considera muy importante y una de las habilidades imprescindibles para formar parte de la sociedad. El epítome del concepto sería una ceremonia del té, en la que el anfitrión no escatima en esfuerzos ni tiempo para hacer todo lo necesario para que el huésped se sienta acogido y cómodo, limpiando intensamente el espacio y todos los objetos que se utilizarán o estarán a la vista, decidiendo cada detalla del encuentro pensando en los gustos y circunstancias del invitado y estando muy atento durante el encuentro en sí mismo.

Wa (armonía): la armonía es posiblemente el ideal máximo del Japón, tanto en el ámbito personal como social. Se considera muy importante y muy positivo tener la capacidad de integrarse en el grupo sin sobresalir ni hacerse notar, sin causar molestias a los demás. En la práctica, para conseguir o mantener la armonía se considera imprescindible aceptar y seguir las normas tanto en las escuelas como en las oficinas, las comunidades de vecinos o los grupos de actividades de tiempo libre, como por ejemplo, dejar bien ordenados los zapatos a la entrada de los restaurantes, templos, escuelas y casas particulares. Esta carácter se utiliza desde tiempos antiguos para referirse a Japón, y añadido a otro nombre significa japonés (washitsu – habitación de estilo japonés; washoku – comida japonesa, etc.).

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